Los bosques Sagrados de Govinda

 

 

 

Greenfriends, rama medioambiental de la ONG Abrazando El Mundo (ETW) en colaboración con el Ayuntamiento de Marazuela y la Caja Rural, hemos organizado la plantación de un BOSQUE SAGRADO en Marazuela (Segovia).

 

 El próximo SÁBADO 26 DE MARZO  en Marazuela: será el día en que plantemos los árboles. Serán 108 árboles (9 árboles de 12 especies) en el BOSQUE SAGRADO GOVINDA. Los árboles serán adoptados por quien los plante, eso quiere decir que hay que  quien los adopta tiene que regarlos y cuidarlos en lo que necesiten. Los riegos (en verano)  los haremos como lo hicimos el año pasado en otra plantación en Segovia, es decir, os convocamos un día y entretodos regamos todos los árboles a base de cubos de agua.

 

Los que tengáis interés en participar seréis bienvenidos, y si conocéis a alguien que pudiera interesarle adoptar y plantar, si le mandáis este correo os lo agradeceremos.

 

Para cualquier duda o información,

además de escribir a este mail: bosquegovinda@gmail.com

podéis llamar al teléfono:  635732695

 

Así quedó la preparación del terreno:

 

 

 

 

En referencia a los árboles que se van a plantar:

 

El FRESNO:

Está considerado el primer árbol de la humanidad, pues siempre ha acompañado al hombre en sus asentamientos porque es un indicador de la existencia de agua, un árbol protector y que servía de alimento a animales herbívoros.
Los druidas celtas en tiempo de sequía invocaban al fresno, al que consideraban sagrado, para pedir lluvia. Para los griegos la dureza y flexibilidad de su madera simbolizaban la fuerza y la solidez poderosa.
Por sus múltiples cualidades fue adoptado por los templarios como su árbol sagrado.

El enclave más sobrecogedor de la España mágica relacionado con el fresno está en la sierra de Aralar (Navarra), en la iglesia de San Miguel in Excelsis, conocida como el santuario del fresno.

 

 

 

 

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El CIPRÉS:
Cada árbol mantiene su espíritu transmitiéndolo a los espacios creados por los hombres. El ciprés con su solitaria figura busca el cielo, aporta la idea de recogimiento, su extraordinaria longevidad junto con su verde persistente, su follaje perenne, su madera incorruptible y su forma estilizada, han ocasionado que en muchos pueblos, este árbol sea símbolo de inmortalidad.
Por esa cualidad está presente en muchos claustros. El más conocido es el del Monasterio de Santo Domingo de Silos plantado en 1882. Este ciprés ha sido admirado en las poesías de muchos poetas: Antonio Machado, Unamuno, Alberti...
Su madera ha sido sagrada desde la antigüedad, con ella se construyó el arca de Noé. Las puertas de los templos griegos y romanos se hacían de ciprés, al igual que las de San Pedro en el Vaticano. En la región mediterránea es frecuente poner un ciprés a la entrada de los jardines como señal de bienvenida, y en las masías catalanas antiguamente se plantaban cipreses a la entrada, para indicar que acogían y daban comida a frailes mendicantes.

 

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La ENCINA:
Cuando los romanos empezaron la conquista de la península ibérica, todo el país en su mayoría era un espeso encinar, y gracias a su geografía montañosa y a que tiene muchas zonas de difícil acceso, se han conservado muchas encinas.
En ella viven muchos insectos, pero la mayor riqueza de estos árboles reside en sus bosques, donde habitan jabalíes, ciervos, gamos, zorros, conejos, linces, erizos y grandes rapaces.
Al ser un árbol de clima seco, tiene que desarrollar un potente sistema de obtención de agua. Desde que germina la bellota, produce una raíz que crece a gran velocidad, hundiéndose profundamente en la tierra. Por eso una encina puede rebrotar después de un incendio o una tala, pero nunca podrá prosperar a partir de una raíz desnuda.
Es considerado un árbol sagrado para numerosas tradiciones, un símbolo de solidez, longevidad y potencia a nivel material y espiritual (al igual que en otras latitudes sucede con su hermano el roble).
El papel de mediador entre las divinidades y los hombres se debe a que sus ramas atraen al rayo más que las de otros árboles, incluso más que el roble, pues al tener las raíces más profundas, mejor es su conexión eléctrica con la masa de la tierra.

 

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El ROBLE.
Por su grandiosidad, muchas culturas lo han considerado el árbol de los dioses. Representa la fuerza de la naturaleza asociándose, por ejemplo, en la mitología romana a Júpiter (Dios romano del rayo y los truenos) y en la griega a Zeus. Era también el árbol más sagrado entre los druidas celtas, pues lo utilizaban con el muérdago en sus cultos.
También es considerado un símbolo de sabiduría, motivo por el cual, los jueces se solían reunir bajo las copas del roble a deliberar. En el País Vasco es el portador de la sabiduría ancestral donde se reunían el consejo de ancianos, se hacían juramentos (también en Asturias y Santander) y se movilizaba a los campesinos para la guerra.
Entre los robles famosos se encuentra el roble de Mamre, en Cisjordania (Israel), también conocido como árbol de Abraham.

 

 

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La HIGUERA.
“De todos los árboles, éste quizás sea en el que más se siente la vida que late en su interior. Al abrazar el tronco o coger una de sus ramas, se percibe que es un organismo vivo, con una piel blanda y un corazón que palpita, que lo mantiene siempre fresco, sin importar el calor que haga alrededor” Adentrarse en una higuera significa penetrar en un templo vivo.
En Roma tenía gran importancia, pues la 'loba capitolina' alimentó a Rómulo y Remo a la sombra de una higuera.
Se cuenta que hay tres higueras sagradas: la que prestó la hoja para cubrir las partes pudendas de Adán y Eva, la que protegió a Buda mientras meditaba, y la que utilizaba Hathor para alimentar a los peregrinos en el Antiguo Egipto (aunque en su caso fue un sicómoro, el Ficus sycomorus o falsa higuera). Son tres variedades distintas y la única que sigue conservando su carácter sagrado es la higuera sagrada de la India (ficus religiosa), bajo uno de cuyos ejemplares, del que se conservan retoños, alcanzó la iluminación Buda.

 

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El ÁLAMO (o chopo).

Los celtas lo llamaban Aeda, que significa ‘el que evita la muerte’. Decían que con el susurro de sus hojas al viento, se oían voces del mundo de los espíritus. Hacían sus escudos con esta madera por el concepto que tenían de él de evitar la muerte y porque decían que sus vibraciones transmitían valentía y audacia.
Los griegos relacionaban el álamo con Zeus y su madera era la única que se permitía utilizar en sus sacrificios. Este Dios, para evitar un cataclismo universal, fulminó a Faetón con un rayo por conducir el carro solar desatinadamente. Sus hermanas, las Helíades, convertidas en álamos blancos le lloran eternamente, como castigo por dejarles las riendas del movimiento del sol.
La ninfa Leuce se transformó en álamo blanco para huir de los ataques del lascivo y oscuro dios de los muertos, Hades.
En ‘La Odisea’ aparece como uno de los tres árboles de la resurrección, junto con el aliso y el ciprés, y en la Edad Media se corrió el mito de que la cruz de Cristo estaba hecha de madera de álamo.

 

 

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El SAUCE.
En la mitología griega, Perséfone tenía un bosquecillo de sauces en el infierno, y la bruja Circe tenía un cementerio de sauces dedicado a Hécate. En la mitología celta el sauce estaba asociado a la muerte.
De su corteza se extrae la salicina que con la saliva se transforma en ácido acetil salicílico (la conocida aspirina).
En los pueblos amerindios de las grandes praderas el sauce es un árbol sagrado, un símbolo del eterno renuevo cíclico, ya que al igual que las hojas del sauce al caer, los hombres al morir renacen en el gran espíritu.

 

 

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La SABINA o el ENEBRO.

Vinculado con alejar las fuerzas del mal, en general, y la enfermedad. Debido a su asociación con la buena salud, es considerado un talismán en la prevención de lesiones y un símbolo de longevidad. Se empleaba para aromatizar las casas de los enfermos por sus cualidades estimulantes, sudoríficas, digestivas y afecciones bronquiales. Se usa también como amuleto para obtener buena suerte.

En Europa central, si había espíritus en algún edificio, el humo del enebro ayudaba a expulsar a las brujas. Los manojos de ramas de enebro humeantes también se llevaron alrededor de los animales para proteger al ganado.

Como símbolo religioso, representaba la protección y la vida.

Su madera tiene fama de tener poderes de fuerza, curación, salud y paz. Cuenta la leyenda que los granos de enebro quemados con incienso ahuyentan las malas vibraciones. En Europa, las bayas de enebro se quemaban los tres últimos días del mes de abril para proteger contra la brujería y como ritual de limpieza.

En la mitología celta, los espíritus que habitan el enebro se llaman Krawite.
En la antigua Roma simbolizaba la fertilidad, siendo un símbolo de virtud femenina.
Aparece también en leyendas y cuentos europeos como por ejemplo el enebro de los hermanos Grimm o el cuento de Blancanieves.

 

 

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El ESPINO ALBAR.
Se trata de un árbol de duendes, hadas y druidas que marca la entrada al otro mundo en la mitología celta. Se encuentran en áreas de peregrinación místicas célticas y son conocidos como 'árboles rag' por las tiras de ropa tendidas sobre ellos como parte de rituales sagrados.
En Glastonbury hay un espino, que se dice que procede del cayado de José de Arimatea y, cuando florece, una de sus ramas se regala a la reina de Inglaterra. La Virgen de Arantzazu, patrona de Guipúzcoa, fue encontrada sobre un espino albar por un pastor.

Son muchas las propiedades beneficiosas en nuestro organismo si consumimos sus frutos, hojas, flores… en una deliciosa infusión. Podríamos resaltar sus propiedades relajantes, sedantes, cardiotónicas, reguladoras de la tensión, diuréticas, etc.
También podríamos destacar su función de despensa previa al duro invierno para muchos animalillos que consumen sus frutos como aves, ratones, lirones, insectos...

 

 

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El OLIVO.

Es un árbol longevo, símbolo de inmortalidad, de resurrección y esperanza.

Está en el origen de Atenas y en el huerto de Getsemaní. Dice el mito que cuando los persas cortaron el olivo sagrado del Erecteion, en Atenas, en una noche creció un palmo para demostrar la fuerza de los atenienses. Fue el emblema de las Olimpiadas de 2004 en Atenas, para representar la importancia que tenía en la antigüedad.
Para los egipcios el árbol había sido entregado por la diosa Isis. Para ellos tanto la elaboración del aceite como la preparación de las aceitunas tenían un carácter divino.
Para los antiguos hebreos el aceite de oliva era símbolo de prosperidad, bendición divina y alegría. Los reyes de Israel eran ungidos porque eso les confería el reconocimiento divino de su autoridad, poder y gloria.
Para los islámicos el olivo tiene una gran importancia mística. Es el árbol de la Luz, de la verdad, el árbol bendito (así lo llama el Corán), pues de igual modo que el aceite de oliva alimenta las lámparas, así el Profeta ilumina a quienes le escuchan.

En nuestra cultura ya existía el olivo silvestre o acebuche antes de que los fenicios lo introdujeran. Cuando España colonizó América introdujo el cultivo del olivo.
En nuestra península hay varios ejemplares extraordinarios como el milenario olivo de Aguamarga en Nijar (Almería), donde se encuentra un olivo solitario en medio de un paraje árido.

En sus troncos retorcidos viven animales, especialmente el mochuelo que es donde a menudo hace sus nidos.

 

 

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El TEJO.


Árbol sagrado asociado a la muerte y a la otra vida, por tanto al renacimiento.

Los tejos crecen lentamente durante siglos incluso milenios. Es una de las especies más longevas de mundo. Los primeros años crecen más deprisa y después pueden estar muchos años sin crecer.
Tiene una madera rojiza excelente que se utilizó para fabricar arcos de tiro durante la Edad Media; lo que supuso que disminuyeran drásticamente en toda Europa. También se utilizó su madera para toneles, mangos de herramientas, ejes de carros…
Esta madera siempre ha tenido un halo de misterio, los druidas la utilizaban para hacer muchos de sus objetos de culto: con sus ramas hacían bastones "mágicos" y con palillos de tejo adivinaban el futuro.

Aún hoy se encuentran tejos milenarios en el centro de algunos pueblos de Cantabria -cuyos habitantes los consideraban sagrados- constituyendo lugares donde se celebraban reuniones y concejos. El tejo es un árbol venenoso (hojas, fruto, savia...) y los antiguos guerreros cántabros en sus guerras contra el Imperio Romano llevaban siempre consigo un preparado del mismo para cometer suicidio en caso de caer en manos del enemigo.

El tejo (texu) es también un árbol sagrado para los astures, pues representa el vínculo del pueblo asturiano con la tierra, con la religión antigua, con los antepasados. Además, es un árbol de gran sentido religioso, encontrándosele al lado de muchas ermitas y cementerios asturianos. Es también el árbol de la oscuridad, de la penumbra, de la muerte, ya que con el veneno de sus frutos se suicidaban los guerreros astures antes de ser derrotados y caer en la esclavitud.

El tejo simboliza por tanto el paso al Otro Mundo y por ello hoy goza de gran importancia en las celebraciones del Día de Difuntos, ya que se les lleva una rama para que les guíe en su retorno al País de las Sombras. El vínculo entre el tejo y el mundo de los muertos es reconocido no sólo en Asturias, sino en otras tierras célticas del occidente europeo, como Bretaña o Irlanda, donde era costumbre plantar tejos en los cementerios en lugar de cipreses, y se creía que las raíces de dichos árboles alcanzaban la boca de los muertos enterrados en sus tumbas.

Anecdóticamente, en las novelas de Agatha Christie el tejo es un árbol que aparece a menudo y usado por su veneno.

 

 

 

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